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Now playing: Extreme ways, compuesta por Moby, no sé quién interpreta

7.3.08

In memoriam

In memoriam Arturo Avendaño
Padre Nuestro:
Si me permites llamarte así, Padre Nuestro, como se invoca al Señor. No estoy blasfemando ni comparándote, eras mi padre, no sólo mío sino de mis hermanos, así que tomo su voz y te escribo esta carta, este recordatorio de lo mucho que te queríamos. Padre Nuestro, fuiste un gran hombre, a pesar del cliché que eso significa. Fuiste siempre la voz del trabajo y la responsabilidad: el dinero era importante, pero no por lo que se podía comprar por él, no por la avariciosa acumulación de cantidades ni por el estatus o el poder que otorga tan estúpido papel. Todo tu trabajo, lo sé, era para nosotros, para darnos no sólo el pan sino el vino, tener una vida que no pudiste tener, sudar la gota gorda para que nosotros disfrutáramos de algunos lujos. Y aún así, nunca nos reclamaste nada, ni nos obligaste a ahorrar. Eras la voz del trabajo y la responsabilidad, la voz que se desesperaba si llegaba tarde, por unos minutos, a una cita. La voz que contaba chistes y que se asombraba por las maravillas del internet. La voz que sentía feo cuando veía una muerte en la televisión o que sonreía al ver cómo una persona lejana ganaba la lotería.

Compartimos momentos, sí, y recuerdo tus últimos mensajes, lamentando que no pudiera haber ido al viaje, ese viaje fatídico para ti. Moriste bien: viste a tus primos, a tu familia que hacía años no frecuentabas, te reíste, soñaste, hablaste de nosotros, tus hijos, y todo fue felicidad. Sé que estabas feliz, aunque estuvieras pensando en que faltaba poco para el fin de semana y tenías que darnos el sustento. Lo sé, tú siempre tan preocupado, pero necesitabas esa preocupación en orden para sobrevivir: darte todo, darnos todo, darse todo, señor Avendaño.

Pasamos grandes momentos. Te leí a Borges, ¿lo recuerdas? Te leía mis cuentos y tú me escuchabas y me contabas de esa versión de Las mil y una noches que se la regalaste a una tía, y que, lástima, si hubiera sabido que mi hijo... Veíamos 24 y te enojabas por lo que hacía Jack Bauer, porque tú, mi Jack Bauer, hubieras hecho algo mejor. Platicábamos largo rato sobre la religión o sobre la vida o sobre el banco o sobre el trabajo. Identificabas las veces en las que había tomado un poco, una ligera gota de vodka pasaba por tu olfato, finísimo siempre, ágil como el del mejor cazador. Te ayudé a empujar tu coche varias veces y empujaste el mío en alguna ocasión. Me decías bromas y aunque a veces me los sabía, me reía para ver cómo te reías tú. También yo te contaba, tan malo que soy en la expresión oral, algunas de mis anécdotas chistosas para siempre arruinar el final y aún así sonreías. Eras calculador, matemático, exacto, siempre demostrando la fortaleza que te caracteriza, pero no eras frío: me dijiste que me querías, me hablabas tiernamente, me preguntabas a veces, cuando me veías triste, qué me pasaba. Te quejabas de que estaba flaco cuando tú estabas igual de flaco que yo ("¡pero yo fumo!"). Incluso la imagen más aterradora que tengo de ti parece una imagen de padre protector y dulce, insisto, no eras frío.

Ahora has ido al instante del que no se vuelve. A ese momento donde un caballo, atravesando a ráfagas, pasó por tu coche y la muerte llegó, no sé si rápida o lenta, pero llegó. Gran regalo para ti: el descubrimiento de qué hay más allá, el enigma de la muerte, y tú, y yo, creyentes de El Señor, de Jesús, sabemos que estarás en el cielo haciendo trámites para tu entrada, revisando la lista de tus actos y pensamientos y siendo juzgado por el Poderoso y con la promesa de una Resurrección. El segundo que cambia todo. Ahorita estarías aquí, a mi lado (aunque sé que aquí estás, viéndome escribir, y aquí estarás siempre a mi lado o en mi pensamiento) diciéndome cómo va todo, quejándote tal vez poco del trabajo, pero siempre dispuesto a leer mis tonterías, a escuchar mis canciones favoritas o a ver ese video de Youtube de las manos que tanto te (me) gustó.

Puedo ver un lado amable: las constantes peleas, los malentendidos con mi madre, ya no estarán. Ya no habrá decisión qué contradecir o argumento con el cual luchar. Mi madre, tu esposa, ese ser que significa tantas cosas para nosotros.

Me duele tanto tu muerte. Tanto tanto. Esos momentos que ya no pasarán. Esos días que no me preguntarás qué tal mi día, que tal el inglés, qué tal el francés. Sigo tu ejemplo y ahora debo llenar tus zapatos: el hijo mejorando al padre. El hijo mejorando al mejor padre, incansable, intachable. No te defraudaré, papá. Padre, Padre, papá, Arturo, Turín, papi, pá, apá... mi padre, mi padre que ya no estás. Te voy a extrañar tanto, tanto, tanto...

3 comentarios:

Cyn dijo...

Sólo un abrazo, las palabras enfatizan el dolor, dijo alguien... Pronto te lo daré en persona

Te quiero mucho (lo digo por enésima vez en el día, pero quiero que quede claro)

El umbral del desierto dijo...

Tenía un saco de tonterías que decirte,
tu cuerpo flaco como la muerte debio dejarme sin palabras.
Tan pronto entendí que la muerte no debía ser así.Tal vez es una señora con los boletos de un tren bala, demasiado rápido, demasiado fatídico, demasiado ella. La invitación personal, un viaje que no podía emprender contigo, no guardaba otro boleto. Parece un absurdo pensar en elhombre como ser discontinuo, porque tú continuas un legado, y la fe, la fe es la continuidad de una huanidad. Pero ese viaje, el viaje, el que tu esperas, lo único sabes que tendrás un boleto. Jesé, buena suerte, mientras vaijemos en el mismo vagón.

Anónimo dijo...

Yo quisiera poder partir tu dolor, tomarlo por una esquina e irlo deshebrando hasta que poco a poco se esfumara.
Sé que nunca te lo he dicho, y es triste decirlo hasta ahora, tu papá era un hombre muy especial, así que no me fue difícil tomarle cariño.
Recuerdo mucho su sonrisa, siempre constante y una frase que un día alcanzé a escuchar de lejos, él dijo: "A Dios hay que agradecerle desde el momento en el que se le pide algo, porque desde instante el ya nos lo ha concedido" Recuerdo haberte dicho que me recordó a mi padre.
Muchas son las demás cosas que recuerdo, a pesar de los pocos años que convivimos.
Amor mío, sólo me resta repetirte que estoy, estuve y estaré contigo. Y pedirte, por favor, que no olvides la oración recurrente en nuestros momentos difíciles: "juntos lo lograremos todo"

Te amo...