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Now playing: Extreme ways, compuesta por Moby, no sé quién interpreta

27.5.08

Linear entre juegos (¡lecturita!)

Finalmente aprendimos una valiosa lección, no todo lo que brilla es oro, es imposible tapar el sol con un dedo y el que con lobos anda a aullar se enseña. Vaya usté a saber por qué empecé así la entrada pero, hombre (y mujer, también, pero es que el "hombre" expresa como un regaño o defensa, no me culpen de machista), de alguna manera tenía que empezar.

Pues resulta que la mayoría de los significados interpretados en sus comentarios estaban bastante cercanos a lo que pensaba, así que no habrá premio especial para ninguno (aunque, por suerte, nunca dije que hubiera premio especial). Veámoslo así:

El partido de futbol (o fútbol, así gritón en la "u") representa la vida. Tiene un inicio, hay descanso y hay final. Puede ser muy aburrido o muy divertido, emocionante, peligroso a veces y lleno de sorpresas. Conoces amigos, haces enemigos, convives con muchas personas e incluso hay gente que te conoce de la que tú jamás escucharás hablar (como del amigo de mi amigo). Los goles serían algo así como las metas de la vida, lograr lo que quieras, sueña por un mañana, hijo, el futuro te sonríe. El gol es lo buscado, la palabra encontrada en el diccionario, el dulce para el niño, la pronunciación correcta del verbo être para el neófito del francés. En este partido de futbol todos juegan en sus posiciones e interactúan con el balón, lo que necesitas para lograr tus objetivos de vida: los porteros tratan de aferrarse (a los objetivos), los defensas los esquivan, los medios los soportan y los delanteros los atacan. Por lo tanto, una persona que no vio el gol es una persona que no ve los logros de los demás o no encuentra sus propios logros... naaaa.

No ver el gol es no ver esa cosa que todas las personas ven, estar "fuera de este mundo". Como los papás cuando ven a sus hijos en la computadora o una broma de las que todos se ríen pero que uno no comprende. ¿Nunca les ha pasado que todos entienden una película y tú apenas te das cuenta que la güerita de al principio es la misma que se pintó el pelo de negro? ¿O que todos ven las nubes y les encuentran formas pero tú sólo ves nubes? ¿O que todos tienen calor y tú frío? ¿Todos miran un programa de televisión y a ti nomás no termina de gustarte (bueno, pero eso tiene sus razones)?

Sentirse desubicado, mujer (bueno, para no decir "hombres"). Como el negrito en el arroz, la pimienta en la azúcar y el de letras... bueno, en la escuela de letras.

Pregunta para la trivia: ¿No les parece que una mujer que se llama Helena es mucho más interesante que una que se llame Elena? ¡Dejen comentarios!

15.5.08

Leer entre líneas (¡jueguito!)

La Hermenéutica nos permite escuchar perro y pensar en hueso, decir fiesta y pensar en diversión (pero la fiesta, según Gadamer... osh), sentir frío y pensar en hielo, que, aunque son cosas que se relacionan entre sí, no son exactamente sinónimos. Creo que uno de mis mayores defectos (ya me dirán si lo comparten) es o leer muy literalmente o leer muy alejado del texto, pero nunca encontrar ese qué quiso decir, sino qué quiero decir yo (que para eso soy bien tramposo, aunque supongo que es una trampa válida). Así que para esto se me ocurrió un pequeño jueguito: ahora que la comunidad bloggera letrada se hace inmensa, será divertido ver qué pasa con este experimento. Dejaré una frase a continuación y ustedes dirán qué piensan que esa frase significa. Es una frase normal, nada de "el horizonte se acerca con un arroyo de frutas". Pero quiero que me digan qué les viene a la mente con estas palabras, qué sentido podría tener aparte del literal. En la próxima entrada diré qué significa para mí y cómo la usaría en mi vida o en un cuento (si gustan dar un ejemplo de cómo la utilizarían, son bienvenidos). La frase es:

"Fui el único que no vio el gol" o en su versión en presente "Soy el único que no ve el gol".

Gracias muchas.

9.5.08

Fechas festivas

La tradición de mi familia de hacer honor a las fechas festivas (mexicanas y no mexicanas) es casi nula. Hoy es 10 de mayo, día de las madres, felicidades y todo eso. Pero aquí, desde este rincón al que llamo mi cuarto, desde este salón al que llamo mi casa, no sucede nada: mi madre actúa como si fuera cualquier día y prohíbe a sus hijos que le den regalos (el año pasado, pese a la negativa, le regalé unos peces, de los cuales ya no sobrevive ninguno y cuyo guiño aceptó a regañadientas). Es 10 de mayo y no se hará algo especial: mi madre ama la rutina aunque diga que la odia, y cualquier alteración, una cena, un baile, una fiesta, resulta como una herida al alma.

Nunca, que yo recuerde en mi niñez, salimos a comer a un restaurante de comida rápida. Tal vez por mi renuente gusto por la comida (tenía pánico a las pizzas y a otros manjares) o por la terca máxima de la progenitora de que la comida chatarra es dañina para la salud (sí, lo es, pero prohibirle una hamburguesa a un niño no es sólo algo que tenga que ver con enfermedades, es reprimirle una referencia cultural: cuando los amigos deciden cuál hamburguesa es mejor, ¿qué puedes opinar tú, neófito hamburguesero?). Claro, eso y que la coca es mala y el cigarro la peor opción de tu vida.

Hasta ahora, con respecto a la comida, seguimos un patrón, una costumbre odiosa de siempre asistir a los mismos restaurantes, a los cuales vamos más veces que a misa: los domingos, al mismo restaurante saltillense, los días que asistimos a Monterrey, el mismo restaurante neoleonés, Laredo cuenta ya con una mesa apartada para nosotros en el mismo restaurante (y hasta la misma sucursal). Creo que en mi casa hay una cultura de la costumbre y aunque la critique, yo la vivo y la, muy apenas, acepto.

Pregúntenme cualquier otra fecha: 14 de febrero merece un abrazo por la mañana y un hasta mañana por la noche, el día del padre nunca lo celebramos, nada de "viva la independencia de México", nada de día de reyes, nada de día de muertos. El cumpleaños de mi madre, el cumpleaños de mi padre: ambos pasan (o pasaban) desaparecibidos; con respecto a mi cumpleaños, bueno, tengo algunas anécdotas desagradables y una tristeza en los ojos que no puedo con ella. Bueno, ok, lo obligado es el natalicio de don Jesús, la Navidad, pero hasta eso, últimamente siento que es más una fiesta que se celebra por deber y no por gusto: la cena en mi casa con los familiares que pueden asistir (y que cada vez son menos) es también otra razón para que mi madre termine exausta por la noche, quejándose de los platos, de la comida o de la artritis.

No critico a mi familia por todo eso, ni la culpo de mis muchos miedos actuales o mi imposibilidad de hacer las cosas; sé que, si me esforzara, me podría superar a mí mismo. Cuánto quisiera , en una fiesta, dejarme llevar, dejar de pensar, dejar las preocupaciones a un lado, olvidar que existo y que el otro existe, ser yo, aunque eso sea ser nada. Las fiestas son eventos donde mi única constante es mirar repetidamente el reloj, temeroso de que la hora se llegue.

Aquí me tocó vivir, qué se le va a hacer.