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Now playing: Extreme ways, compuesta por Moby, no sé quién interpreta

18.9.08

Esos pequeños y complicados momentos...

He descubierto, que acaso no lo habré sabido siempre, que soy una persona de pequeños momentos. Los grandes momentos no me conmueven (bueno, poquito, sí, poquito), las estatuas hechas a nuestros gloriosos héroes, los mausoleos (¿me asoleo?) a la esposa muerta, las parodias a mi conducta, son todas estas cosas (as as as) las que no me hacen daño o me vuelven feliz. Pero hay momentos (que te toman desaparecibido, es lo más bonitoso) en que cualquier cosa tonta me hace feliz: una mujer tomando una paleta de un congelador (¡verídico!), una explicación simple, escuchar la canción de moda y descubrir que la letra entraña un significado más profundo, ver las burbujas que se forman en el café y saber que, con la luz, se vuelven de diferentes colores, encontrar a un niño que imagina campos de flores, ver un campo lleno de pequeñas mariposas, de ésas feas y grises, ver la amistad en la forma en que dos personas se miran, juntar pistas para deducir conductas, el sueño de algún día dedicarse a tu sueño o hacer reír a una mujer por decirle "cochina". Son simplicidades, pero me agradan. ¿Qué simplicidades hay en tu vida?

Without embargo, eso no se aplica en mis gustos literarios o cinematográficos. Ay sí, tú muy muy, te gusta lo complicado y ni siquiera le entiendes. Bueno, me gusta tratar de entender lo complicado, como Donnie Darko (y la mafufada que hizo el director después, Southland Tales, que, aunque demasiado pretenciosa, tiene algo que me inspira a verla otra vez y tratar de entenderla) o como El otoño del patriarca (para más referencias, ver a Avendaño, Jesé, en tesis de licenciatura... dieeeee, jajajajaja... ¿recuerdan a Canclini autocitándose? ¡Toda la pretenciosidad andando!) o como a Faulkner (no Fuckner) o como a David Lynch o como a Joyce o como a Huidobro o toda esa gente que le gusta complicarse la existencia. Ese tipo de libros y películas me atraen, porque tienen como un misterio que hay que desentrañar (o tal vez sólo hacen cosas complicadas para molestarnos). So, allí está mi contrariedad, aunque de todos modos, en televisión y en libros, leo de todo, pero prefiero lo complicado. ¿Será complicado entender esta simplicidad?

10.9.08

En qué he andado...

Para todos los que se preguntan en qué he andado (tranquilos, hordas de fans), les diré que no he perdido el tiempo, oh no, claro que no, por supuesto que desde luego que no. Lo he aprovechado perfectamente viendo series de televisión. Oye, que es inevitable. Es el escape idóneo para la vida de cualquier hombre y mujer que pasan el día ocupados y de noche sólo quieren ponerle el prefijo des a lo cansado. Bueno, aunque admito que no trabajo tanto como las jornadas que tienen mis alumnos, horas y horas en la fábrica o compañía, pero uno se cansa de estar cansado, también. Sin más ni más, les presento en qué he andado...

Carnivàle. Qué serie, señores y digo qué serie. Alucinante, de verdad. Los personajes son unos freaks muy freaks (ok, nosotros somos freaks, pero por elección propia... ... ...), entre los que se incluyen la mujer barbuda, el ciego adivinador, el enano, un hombre con piel como de víbora. La serie se centra en un extraño muchacho que tiene el poder de revivir a los muertos y en un sacerdote que le hace ver a sus feligreses sus pecados. Esta serie me ha regalado alguna de las escenas más memorables de mi vida (por lo perturbadoras) y me ha sacado uno quiotro sustito (sí, tú, muy valiente, canijo). La serie juega mucho con la claustrofobia: los trailers pequeñísimos, las iglesias, las minas, lugares donde el espectador está atrapado. Lástima que sólo duró dos temporadas, la cancelaron por poco raiting y porque cada capítulo era muy caro. Al parecer, la segunda temporada deja al espectador con muchas dudas. Habrá que ver la repetición. (Póster: de izquierda a derecha: el ciego mago, la mujer barbuda, las tres mujeres bailarinas-prostitutas, el padre de las dos chavitas de la orilla y casado con la que está a su lado, las siamesas, de pie la encantadora de serpientes, el hombre víbora o lagarto o no sé qué sea, acostada la parapléjica con poderes psíquicos, luego la hija de la parapléjica también con poderes. Sentado afuera está el que puede revivir a los muertos, en el camión está un tramoyista sin ningún poder y sobre el carrito está el enano y líder. En la derecha, el sacerdote y su hermana. Wow)

Curb your enthusiasm. O, como le digo yo, Párale a tu entusiasmo. Una serie de comedia donde Larry David (que interpreta a Larry David) es el co-creador de Seinfeld (otra serie que no he visto, Damn it! diría Jack Bauer) y la serie se trata de... pos de su vida, nomás. Su vida no tiene chiste, pero la serie está plagada de situaciones (plagadísima) en las que el espectador se incomoda demasiado. Los personajes que aparecen en cada capítulo, secundarios únicos, parecen estar cortados con el mismo cuchillo de mantequilla: son mala onda, mala vibra y aprovechan cada oportunidad para vengarse de lo que les hizo el pobre Larry en ese mismo capítulo. A veces las situaciones se vuelven predecibles, porque sabes que ese personaje con el que se peleó Larry volverá a salir cuando Larry necesite un poco de ayuda y, por supuesto, se le será negada. De todas maneras, muy divertida. (Póster: la reflexión de Larry me da mucha risa, aunque tardé un poco en pillarlo)

In Treatment. Para filmar esta serie deben gastar como cuarenta pesos por capítulo. De lo único que se trata es de un psiquiatra (psicólogo, psicoanalista) que está en su sillón, escuchando a sus pacientes y opinando sobre sus vidas. La serie está estructurada por semanas y en una semana vemos a cuatro pacientes del doctor y el viernes lo escuchamos a él desahogarse con otra psiquiatra. Cada capítulo está lleno de diálogo, es todo. Diálogo, diálogo, diálogo, diálogo. Nada de flashes backes, nada de efectos especiales, nada de acción (bueno, muy poquita). Ellos hablan y el doctor habla y luego ellos hablan y el doctor habla. Pero no van a creer lo adictivos que son estos capítulos (muy cortos, por cierto). Cuando ves un capítulo, sientes que puedes psicoanalizar a cualquiera. Y eso se les agradece enormidades. (Póster: pose de: "a ver, mijito, dime, ¿qué pasa?" Admirable la paciencia de este psiquiatra)

Así que allí están. Si pueden conseguir estas series, adelante, júzguenlas ustedes mismos. Porque a mí, bah, a mí me gustan todas las series. Y para los que no tenemos cable, empezó Dexter en televisión abierta (censuradísima) y la new temporadation de Grey's Anatomy. Prometo después hablar un poquito de Fitzgerald, pa' que se nivele la cosa entre libro vs televisión.