Dale al play si quieres escuchar.

Now playing: Extreme ways, compuesta por Moby, no sé quién interpreta

19.10.09

Adiós a las letras

Abandono el blog por tiempo indefinido. Necesito entender qué está pasando. Por primera vez sé que no tengo ninguna idea de qué sucede o qué sucederá. No diré que los motivos son muchos, porque no existen motivos y esa es la razón de mi retiro. Adiós.

29.9.09

Extreme ways

"Extreme ways" es la canción que podemos escuchar al final de las tres películas de Jason Bourne. Esta canción de Moby me gusta más, extrañamente, no interpretada por Moby. Les dejo el enlace aquí arribita para que, por favor, la escuchen y la letra acá abajito para que, por favor, la lean. Algunas palabras cambian en esta versión, pero no encontré los lyrics correctos. Mis partes favoritas, remarcadas. Un saludo, amigos.

Extreme ways are back again
Extreme places I didn't know
I broke everything new again
Everything that I'd owned
I threw it out the windows, came along
Extreme ways I know move apart
The colors of my sea
Perfect color me

Extreme ways that help me
That help me out late at night
Extreme places I had gone
But never seen any light
Dirty basements, dirty noise
Dirty places coming through
Extreme worlds alone
Did you ever like it then?

I would stand in line for this
There's always room in life for this

Oh baby, oh baby
Then it fell apart, it fell apart
Oh baby, oh baby
Then it fell apart, it fell apart
Oh baby, oh baby
Then it fell apart, it fell apart
Oh baby, oh baby
Like it always does, always does

Extreme songs that told me
They helped me down every night
I didn't have much to say
I didn't get above the light
I closed my eyes and closed myself
And closed my world and never opened
Up to anything
That could get me along

I had to close down everything
I had to close down my mind
Too many things could cut me
Too much can make me blind
I've seen so much in so many places
So many heartaches, so many faces
So many dirty things
You couldn't even believe

I would stand in line for this
It's always room in life for this

Oh baby, oh baby
Then it fell apart, it fell apart
Oh baby, oh baby
Then it fell apart, it fell apart
Oh baby, oh baby
Then it fell apart, it fell apart
Oh baby, oh baby
Like it always does, always does

17.9.09

...
Con los poderes curativos de Ben Hawkins,
con un secreto oscuro como Dexter Morgan,
con un montón de fama como Vincent Chase,
con una respuesta como Gregory House,
con un corazón indeciso como el de Meredith Grey,
con el sentido inquebrantable de Jack Bauer,
con la belleza de Gabrielle Solís,
con el acento de Latka Gravas,
con lo judío de Seth Cohen.
...

26.8.09

La perfección está en el ojo ciego

¿Qué mejor idea de lo perfecto que la que tiene una persona ciega? Piénsenlo así: jamás ha visto a un ser humano ni a una pintura ni siquiera los colores. Lo único que tiene son las sensaciones, esas cosas extrañas que para Parménides representaban la falsedad. Según esto, la dóxa, la opinión, es sumamente engañosa, pues es móvil y cambiante, en cambio el pensamiento, se supone, es la única vía para llegar a la verité, ¿usted va a creer?
Regresando al asunto del ciego, el ciego sólo puede asirse del sentido y, por lo tanto, sus ideas sólo se basan en opiniones. ¿Y por qué no en pensamientos? Porque, me parece, para llegar al pensamiento hay que conocer el objeto pensado y, si de perfección se trata, ¿cuál sería el parangón de la perfección para un ciego? Carecería de un sistema comparativo, al menos, visual (podemos decir que este ciego sabe cuándo una voz es bella o sonora y cuando es tosca o quieta). Entonces, ¿todo es perfecto a los ojos de un ciego?
Todo esto me vino al pensar en la idealización que el hombre tiene sobre la mujer y que la mujer tiene... sobre la mujer. Los estándares de belleza, cambiantes según la época, determinan no sólo la atracción física y el deseo sino que condicionan la propia capacidad de admirar la belleza y de definir conceptos como perfección, armonía, complicación, estética. Por lo perfecto entiendo una sincronización o un conjunto de características en equilibrio (90-60-90, un libro con el texto justificado, un triángulo equilátero), pero la perfección nunca ha sido una cualidad propia del ser humano: que el ser humano la pueda lograr es una cosa, pero que el ser humano la tenga es otra muy distinta. La mujer perfecta y el hombre perfecto son y no son, se suscribe, por lo tanto, en la opinión, en la dóxa: sólo existen en las sensaciones, son cambiantes, móviles. Ella para mí es perfecta, pero no lo será para los demás. Por eso, ella, para el ciego, y todas las demás ellas, para el ciego, son perfectas. Perfectas, al menos, en un plano superficial.

Colorario:
¿Y si este ciego de pronto ve, qué? No hablemos de Marianela, sino que... a un ciego, en edad adulta, ¿le atraerán de pronto las mujeres? ¿Cómo atravesó su adolescencia siendo ciego? ¿Cómo reaccionó su cuerpo ante la necesidad del contacto femenino? ¿Qué era lo femenino para este ciego? Sabrá de la existencia de las mujeres y las reconocerá, quizá, por su diferente voz, pero ¿sabrá de su apariencia? ¿Y si cree que un hombre es una mujer se sentirá atraído por los hombres? Necesito hablar con un ciego...

17.8.09

Promesa

Prometo solemnemente que, en cuanto haya internet, las actualizaciones surgirán cual hierbas malas en el jardín de la casa.

16.7.09

Chomsky sobre Cuba


El filósofo Noam Chomsky, crítico de la cultura Norteamericana, hace su reflexión sobre la situación de Cuba frente a los Estados Unidos, en una entrevista otorgada a Heinz Dietrich.

Chomsky expresa que Estados Unidos no invadirá Cuba mientras que tema una posible resistencia armada. Su idea es liberar sin costo alguno para su Imperio, espera hasta que la situación interna sea tan mala, que las tropas estadounidenses puedan invadir sin oposición.

12.6.09

Trozos

Era la segunda vez que la veía y no sé por qué me daban unas ganas terribles de llorar.
Hincarme y verle los pies y derramar mis lágrimas en sus dedos.
Seguramente tenía pies bonitos. Ya saben, tenía la mirada, esa mirada que dice que tienes pies bonitos. No pude averiguarlo porque su tacón era cerrado. Pero debía de tenerlos.
No pudimos hablar y fue mejor.
Yo la llamé Trozos porque su conversación parecía siempre estar en pedazos.
Me imaginé hablando con ella, borracho, contándole anécdotas sobre mis amigos, prometiéndole que ellos eran mil veces mejores que yo.
Trozos me veía y no sonreía mucho.
Trozos parecía pintada a trazos. Si ella me hubiera permitido pintarla, habría sido el mismo desastre: las mismas pinceladas inseguras que permearían un rostro de belleza indecisa.
Trozos nunca supo mi nombre y yo alguna vez supe el de ella, pero lo olvidé.
Ayer vi a Trozos. Habían pasado años. Le dije que había querido llorar enfrente de ella. Que ahora lo único que me quedaba para darle eran mis lágrimas. Trozos me sonreía. Trozos dijo que esa segunda vez que nos vimos, lo único que deseaba era compartir un pedazo de pastel conmigo.
Fuimos a comer pastel, Trozos y yo. Esta vez ella llevaba sandalias. Sí. Eran hermosos.

26.5.09

Dormir

Últimamente sólo abro los ojos para volver a dormir.

28.4.09

Necesitancias

No necesitas otro café
ni el carro último modelo
que viste casi al final del catálogo.
No necesitas otro cigarrillo
ni parecer intelectual
mientras arrojas volutas de humo
a la máquina de escribir.
No necesitas otra cerveza
ni a otro vagabundo
que doble sus rodillas ante ti.
No necesitas estar tirado
sentirte miserable
brindarle la espalda a la ayuda
zapatear con fuerza la nieve.
No necesitas un amigo para traicionar
ni un cliché divertido
de pelo largo e ideas cortas.
No necesitas música de rock
ni hacer sonar las monedas de tus bolsillos
ni retar a Dios a un duelo en la arena.
No necesitas casarte a los veinte
tener cuatro hijos que corran por la sala
que pagas a plazos fijos
sin intereses.
No necesitas cortadas
ni coartadas que son como espejismos
ni falsas macetas
que sólo siembran la tierra.
Sólo necesitas abrir los ojos y respirar
cantarle a la luna y al sol
dormir entre lirios y margaritas
y acariciar al hijo de los árboles.

20.4.09

Días, muchos días

Días de renovación.
Días de desintoxicación.
Días de paz.

Días de South Park.
Días de resurrección.
Días encerrados.
Días de vuelos.
Días de experimentación.
Días de sendentarismo.
Días de trabajo.
Días de plastilina.
Días de videos.
Días de San Cayetano.
Días de origami.
Días de monstruos.
Días de juguetes.
Días de carros.
Días de peces.
Días de increíbles.
Días de bichos.
Días de noche.
Días de lágrimas verdes.
Días de AGRADECERTE.

2.4.09

Marie Frobisher (1933-2004)

En uno de los recientes chitchats (que de casuales y de cortos no tienen nada) que mantuve con la reportera-editora-directora-periodista-amiga Cyntia Moncada, empezamos, sabrá Dios por qué, a hablar de enfermedades y de artistas enfermos. Ya saben, siempre hablo de la tesis del buen Palahniuk de que tu cuerpo tiene que padecer algo para escribir bien. Tal vez sea algo como expulsar lo que no necesitas: las letras y la escritura, mal de muchos y consuelo de muy pocos. Decidimos, en un arrebato de entusiasmo, que la próxima vez que nos enfermáramos escribiríamos como locos aunque estuviéramos muriendo en cama, con muchos grados de fiebre y un montón de medicinas al lado. Hablando de lo mismo, Cyn me comentó que se acercaba el aniversario luctuoso de Marie Frobisher, la escritora-activista clave en la lucha contra el SIDA y en su desmitificación. Planeamos armar juntos un pequeño artículo (por allá de mayo, cuando se cumplan cinco años de la muerte) y, para no hacer todo a la mera hora, decidí volcar algunas de las pocas cosas que puedo sacar en limpio después de haber leído, al menos, dos libros de ella: "El volcán entre la lluvia" y "Días de prisa", ambas novelas.

En primer lugar, Marie Frobisher sigue la tradición de mujeres sufridas y dolientes, aunque su vida fue más afortunada que la de muchas. Se dice que el primer suceso desafortunado o que llevó al garete a la vida de Marie, fue lo que le ocurrió junto a su esposo, el empresario Steve Frobisher. En 1983, Steve fue demandado por llevar a su empresa a la bancarrota, perdiendo casi toda su fortuna. A pesar de los problemas financieros, siguieron juntos y, en general, se dice que fueron una familia feliz y sin hijos (tal vez por eso fueron feliz). Siguiendo con las desgracias, cuatro años después, Marie Frobisher fue diagnosticada con SIDA, por razones que aún no están del todo claras (Steve nunca tuvo la enfermedad ni ninguna de las personas a su alrededor; Marie no tenía tatuajes ni se drogaba. Cabe destacar que actualmente existe un premio periodístico, el Frobisher, que premia reportajes de investigación y que fue creado con el único propósito de descubrir cómo se infectó la mujer). Steve, como un José que encuentra a su María preñada, decidió creer en Dios, en los ángeles y en su mujer, y no la abandonó en su lucha. Si ella decía que no había tenido relaciones sexuales con otra persona, él lo creía.

Marie Frobisher era una destacada escritora, de futuro prometedor y todas esas cosas que se dicen en los encuentros literarios, antes de casarse con el empresario. Con una vida lujosa, dejó de inmiscuirse en ese mundo para esforzarse en la vida familiar, así que abandonó la escritura. Eso sí, estuvo fortaleciendo sus dotes a través de lectura, al grado de que, en sus eternas horas solitarias, lo único que hacía era leer. Es famosa esa fotografía donde está en el hospital, rodeada de cámaras, y, mientras contesta una pregunta a un reportero, está leyendo un libro al mismo tiempo. Decidió que ahora que era atacada por el SIDA, volvería con la pluma como escopeta. Marie Frobisher regresaba al ruedo.

En 1991 publicó "El volcán entre la lluvia" que fue un antecedente inmediato de "Nación Prozac" de Liz Wurtzel, loquísima autora gringa. Bueno, la primera es una falsa memoir y la segunda no (se supone), pero "El volcán..." relata un historial de drogadicción, sexo, amor tortuoso y depresión, similar a lo que Liz haría después. La historia de "El volcán..." es sencilla: una mujer de 32 años abandona su hogar (el hogar perfecto en apariencia, con un esposo a la John C. Reilly en "The Hours" pero que a ella le parece despreciable) en busca de un hijo que no tiene (alucina con haber estado embarazada) y perdiendo su poco dinero en blusas y zapatos. La protagonista, Teresa Greenaway, parece odiar a todo el mundo, no es capaz de tener un centímetro de compasión, aprovecha los sentimientos de los demás, finge momentos de lucidez y es un personaje al que, incluso al mismo lector, le cae mal. Es un libro que quieres cerrar en cuanto empiezas a leerlo pero que, por curiosidad, por cansancio, por respeto o por decencia, esperas hasta el final. Y al final, como todo, el libro no sorprende. Al tener una perspectiva anclada en la época tecnológica, el libro me parece alienante (pensemos en un "American Psycho", pensemos en la Violetta de "Diablo Guardián") y curioso como experimento solamente. Es un libro que he aprendido a respetar, está bien, pero hasta allí: en su núcleo, en su mero centro, está vacío y repite fórmulas y lugares comunes.

Prefiero "Días de prisa". En 1997 apareció el dichoso libro que la teletransportó a la fama (como escritora, porque ya tenía su celebridad como activista) al escribir la historia de una mujer que lucha contra el SIDA y que finalmente se cura. La curación aparece al final de un larguísimo capítulo con pocas comas y menos puntos que recuerda a los mejores tiempos del realismo mágico. Es en realidad una ruptura con el tono y la estructura en su conjunto, puesto que todo va normal, tranquilo (a gusto...), hasta que casi al término del libro encontramos la parrafada y resulta que la mujer de pronto ya no está enferma. Marie ha comentado que no existía otra forma de escribir su final porque necesitaba algo lo suficientemente fuerte para destruir a la enfermedad y qué mejor que kilos y kilos de letras amontonadas que la hicieran resquebrajarse.

En 2002 moriría Steve Frobisher y Marie estaría deprimida por los siguientes años de su vida, que sólo fueron dos. No he destacado el activismo de Marie porque prefiero referir su producción literaria, pero su muerte fue definitivamente el mejor acto de activismo que pudo hacer. Marie, junto con otras personas famosas, participaba en una marcha en África donde se exigía mejor atención a los seropositivos africanos. Era un ejemplo de valor y fortaleza, puesto que, terriblemente enferma, cansada y vieja (tendría 71 años) caminaba, imparable, al lado de la gente que pedía iguales derechos. La policía, a pesar de las celebridades y las cámaras de televisión, decidió detener la manifestación haciendo una barricada que terminó en tragedia: empujada por ambas partes (la policía y los manifestantes), Marie quedó en medio del sándwich, tragando humo y sofocándose, acontecimientos que le provocaron una hipoxia cerebral llevándola a la muerte.

Su tumba permanece en Berkeley, California, al lado de la de su esposo. La visitan, al año, un promedio de 500,000 mil personas.

29.3.09

Las chicas que sonríen


A veces miro a los ojos a las chicas que sonríen y pienso, Qué afortunadas, ellas. Qué afortunadas ellas que jamás tendrán algo de qué arrepentirse y que, aunque lo tuvieran, jamás lo harían. Qué felices son las chicas que sonríen porque nunca han visto los ojos de alguien que tenga alma. Qué dichosas son ustedes por tener los ojos llenos de lágrimas y mantenerlas allí, en espera de un alfiler que perfore el gotero. Cuánta esperanza hay en sus palabras, cuánta ingenuidad tienen los roces de sus labios, precioso vaivén hay en sus cabellos, musas valientes que inspiran a la mayor de las velocidades. Qué seres tan irreales, qué personajes tan llenos de luces, qué mejillas tan sonrojadas. Qué belleza que se les esconde detrás de vuestras conciencias, qué soplo del aliento, qué vida coloreada. Ojalá nunca conozcan el arrepentimiento, el dolor que carcome, el insomnio matutino, el sabor de un despertar igual al anterior, el recuerdo de una foto que no miente, la mirada fija de un reclamo silencioso. Si de algo os sirve, cierren los ojos y vayan por allí, contagiando al mundo y saboteando a todo aquel que desee mostrarles la pena. Mientras, confesando en el tribunal eterno, dejaré que las hojas caigan aunque ya estemos en primavera.

27.3.09

Pueblo chico, trama enredada

John se acaba de mudar de la ciudad y conoce a su amable vecino, Jerry, quien vive en unos monos departamentos frente a su casa.
En su primer día de clases conoce a Loretta y se enamora perdidamente de ella.
También se hace amigo de George, un amable chico que le enseña la escuela, y de Lucy, una mujer que es más inteligente de lo que parece y que tiene la maña de acomodarse los lentes como una posesa.
Loretta tiene una hermana gemela, Lorena.
Jerry tiene una hermana, Melissa.
Lorena está secretamente enamorada de John.
Lucy está enamorada de George.
John se enamora de Loretta, pero Loretta es novia de Jerry.
Lorena vive en otro de los departamentos frente a casa de John. Entonces Lorena es vecina de John y de Jerry.
George odia a Jerry. Antes eran los mejores amigos pero Jerry, por accidente, atropelló al perro de George y éste nunca se lo pudo perdonar.
George trata de enamorar a Melissa para vengarse de Jerry. Melissa es tímida y está enamorada de su hermano (porque es su medio hermano) pero nadie lo sabe excepto su diario. El diario cae en manos de Lorena. Lorena, en una segunda temporada, lo usa para chantajear a John para que salga con ella.
John se siente mal por estar enamorado de la novia de Jerry pero no entiende por qué Loretta le coquetea: Loretta que en realidad es Lorena pero que confunde.
Lorena, para poner celoso a John, besa a Jerry a espaldas de Loretta y estando segura de que éste no la deltara. Jerry no se da cuenta, aunque sospecha que algo está pasando.
Lucy odia a Loretta porque hace sufrir a su amigo John y pretende enamorar a Jerry para quitarlo del camino. Jerry descubre su homosexualidad y se enamora de John, pero no quiere que George se dé cuenta, así que le pide a Melissa que salga con George. Melissa, con tal de complacer a su medio hermano, lo hace y en el camino se enamora de John.
Jerry termina con Loretta.
George sale con Melissa.
Estando Loretta libre, John trata de salir con ella pero ella quiere estar con su hermana Lorena y se muda frente a su casa, al lado del departamento de su ex.
Final de temporada: Jerry le confiesa su amor a John. John le confiesa su amor a Loretta. Lorena le confiesa su amor a John. Melissa le confiesa su amor a John (el amor hacia su medio hermano se revelará en la segunda temporada). Lucy le confiesa su amor a George. Jerry le regala un nuevo perrito a George.

2.3.09

Confesiones

Debo confesar que carezco de recuerdos.
Murieron mientras vacacionaba, dicen los otros. Dice la historia que un volcán los convirtió en cenizas tan rápidamente que no tuvieron oportunidad de moverse. Y a partir de ese momento he trabajado duro para demostrarles a los demás que tengo recuerdos. Pero no, no los tengo. Mis experiencias son copiadas, mis anécdotas son inventos, cada cosa que digo es la opinión de alguien más.

Debo confesar que me he estado cansando demasiado.
Paso el día acostado, viendo películas o leyendo. Mi espalda sufre los daños y duermo de día pero en las noches la pesadumbre me acosa. Ahora mismo, mi cama se ha hartado de mí y me ha echado del colchón. Prefiere dormir sola. Permitió, eso sí, que me quedara con una colcha y con la sábana. Estoy al lado de ella y ella, indiferente, permanece inmutable, con el respaldo atrás y todo. Para vengarme he prendido la luz y he empezado a escribir. No podrá dormir. Al igual que yo.

Debo confesar que he estado viendo a un doctor en secreto.
El doctor no sabe mi nombre y sólo pregunta qué tengo. Para él, soy la persona más importante del mundo. Lo único que quiero es que me escuche, así que cada día llego con una nueva enfermedad o una fractura. Me golpeo el dedo con un martillo, dejo caer un ladrillo sobre mi pie, estrello mi cráneo contra el suelo. El doctor me regaña y dice que tenga más cuidado. Yo hago como que me siento apenado, finjo ser el hombre valiente y no grito con las inyecciones. Pero cuando me tiende su mano y me despido de él, lo único que puedo hacer es mirarlo con nostalgia. Aunque creo que él no se da cuenta.

Debo confesar que me degrado cuando estoy triste.
De verdad. Antes medía más de tres metros y la última vez que usé la regla sólo alcanzaba los dos metros. Mi joroba ya no aguanta a mi espalda y siempre entran en conflicto. Nadie puede mediar entre ellas. Yo, mientras tanto, me hago adicto a cambiar de canales y me conformo con la serie que he visto mil veces. Poco a poco mi cuerpo va desapareciendo pero guardo silencio. A mi alrededor, el mundo también calla. Estábamos equivocados y resulta que sí, el hombre es una isla.

13.2.09

Happy Valentine

I had to close down everything
I had to close down my mind
Too many things to cut me
Too much can make me blind
I've seen so much in so many places
So many heartaches, so many faces
So many dirty things
You couldn't even believe
-- Moby, Extreme ways

A veces soy un remolino y garabateo nombres en el aire. Mi hermano me lleva. Pregunto por el camión. Una novata le pregunta a su jefa si sólo lo dice o qué. Número. Espero pero nada llega. Entro para afuera y guardo silencio. Mi maleta me sirve de silla. National Geographic me dice que ahorre energía. Que mi ce o dos es alto. Pienso en que desconecto los enchufes cuando no los uso. Llega. El chofer le dice a una persona que se siente donde pueda. Yo pienso que para qué me preguntan qué asiento quiero si al final me voy a sentar donde pueda. Y me siento donde pueda. La persona de al lado trae sombrero. Proyectan Mr. Woodcock. No me río. El señor quiere hablar pero no tengo ganas de hablar. No sé hablar. Pregunta sobre mi destino. Le contesto. Pregunto de vuelta. Me contesta. Pregunta la hora. Hace preguntas sólo para afirmar si está en lo correcto. Sabiendo las respuestas. Quiere hablar. Pero él tampoco sabe hablar. Sólo las personas reales saben hablar, pienso. En algún momento me dormí. En algún momento varios niños lloraron. En algún momento me perdí y sigo allí. La esencia. Como un respiro. Como el aura. Luego está la tercera parte de Pirates of the Caribbean pero me pierdo con facilidad. El sonido no es bueno. Tras cinco horas me enfrento con el destino. Apéome. Me despido. Pido un taxi. Cuando el taxista baja descubro que no tiene la mano derecha. Quiero preguntarle por qué. Imagino que todos le preguntan eso. Pero prefiero quedarme con la duda. Las dudas a veces son mejores. Porque, sospecho, sólo la perdió por una enfermedad. Le pido que me lleve a un hostal barato. Híjoles. Él dice que conoce muchos pero que no conoce los precios. Finalmente me lleva a un hotel. Un hotel caro. Pienso que es demasiado caro. Y que la tele se ve mal. Y no tienen control. Ni bañera. Y la ubicación no es tan buena. Pero, asombrosamente, queda muy cerca de mi destino. La calle de las librerías. Una, dos, tres librerías. Nada nuevo, dijimos. Marco números de celular pero todos nos estamos rascando el ombligo. Todas las florerías están abiertas y ofrecen arreglos. Están vacías de gente. Veo a un hombre enorme sentado en un escalón. Pienso que no se puede mover y prefiere quedarse ahí. Lentamente, recuerdo. Recuerdo los hoteles. Las calles. Los olores. Los jóvenes. Sí, yo me había quedado en aquel hotel. Yo fui a aquella biblioteca. Paseé por aquella plaza y comí en aquel restaurante. La ciudad no es ajena. La ciudad es mía. Yo la bauticé cuando tenía un año. Compro dos libros por su precio. Literatura joven en la que no creo y Paco Nacho Taibo II. Trato de regresar. Paso por un concierto al aire libre. Música mexicana. Bésame, bésame mucho. Como si fuera esta noche. La última vez. Tengo pánico porque me pierdo por un momento. Me paralizo. Sanborns. Vips. Dónde estoy. Dios. Dios me enseña una iglesia que parece gótica. Me acerco. Callejuelas. Se celebra un quinceaños. La chica, de blanco, se toma fotos con niños. Le dice a su sobrino que se acerque. Él le rehuye. Todos reímos. Aunque alguien me ve con cara de, Usted por qué se ríe. Regreso. Sigo el camino. Encuentro, de nuevo, al señor enorme. En el hotel pido un control remoto que nunca traen. Tomo el mapa y marco lugares. Busco pacientemente los nombres de las calles. Carezco de índices. Oigo la voz de alguien indeterminado que me dice que si preguntamos a alguien todo sería más fácil. Pero me niego. Tengo todo el tiempo del mundo. Encuentro un par de calles y salgo a la calle. Quiero cenar. Cuál es el lugar adecuado. Entro al Paraíso. Finjo buscar a alguien y finalmente me siento afuera. Un bonito lugar. Nadie me atiende. Escapo. Luego subo a otro restaurante. Antes de entrar miro los adornos. Sí. Definitivamente. Yo había comido allí alguna vez. No quería repetirme. Salgo y sigo caminando. Ningún lugar es perfecto. En algunos hay mucha gente. En otros ninguna. El que parecía perfecto está cerrando. Paso por un callejón. Unos chicos fuman sustancias ilegales. Otros bailan. La cerveza los anima. Entro a la taquería. De Wendy. Quiero preguntarle a la mujer quién es Wendy. Pero, de nuevo, me abstengo. Pienso que me responde que Wendy es la esposa de ese señor. Como rápidamente. No me había dado cuenta: tengo toda el hambre que se puede tener. Regreso. Mismo camino. Encuentro a un hombre, sentado en una esquina, vomitando. Era la segunda vez que lo veía. Las niñas tienen miradas indiscretas y los niños saltan como venados. Paso por más florerías. Siguen abiertas a pesar de ser increíblemente tarde. Dudo de todos y de todas. Digo para mí que es mejor que cierren. Que está bien que sea un día célebre, pero bueno, nadie comprará a estas horas. Y entonces, el milagro. Una camioneta se orilla. El conductor cuenta dinero. Y del asiento del copiloto, sale un hombre. Milagro, milagro. Se han detenido para comprar flores. Happy Valentine.

7.2.09

Cecy y Julio

-En orden para obtener las grandes cosas de la vida, esas que están endulzadas con azúcar y que saben a gloria (gloria aleluuuuuya...), se deben hacer sacrificios, Julio.
-Sí, Cecy.
-¿Entiendes?
-Sí, sí, es como cuando decides no comer el arroz que tanto te gusta para llegar temprano a ver una película.
-Ejem... sí, algo así.

(pequeño diálogo de esta pareja. Por acuá también tuvieron una charla)

31.1.09

Ignorancia


Felicidades, debe ser un nuevo récord de la obnubilencia,
veinticuatro horas sin cortes comerciales,
con resquicios y despegajos bastando para iluminar
al tordo que canta cuando el alba no deja de ponerse.

(Hay partes de mí que cantan
pero están rotas y hacen un escándalo
cuando intentan unirse)

27.1.09

Ganador, ganador...

Tenemos un ganador en la primera edición bloggera del concurso Universo literario. Con el seudónimo de Andrómeda Estrellada, la ganadora es Edith Guadalupe Belmares Onofre que utilizó al personaje de Lorena Valdívar para su cuento. Muchas congratulaciones. En próximas ediciones se informará sobre la entrega del premio y se publicará su cuentico en mi blog. ¡Felicidades!

26.1.09

Para hacerla un poquito de emoción...

...mañana diré al ganador del concurso.

8.1.09

Openings

Así como dicen que el inicio de un cuento o novela es esencial para ganchar al lector, el opening de una serie es igual de importante. Esa secuencia donde aparecen los créditos, el nombre del capítulo o simplemente imágenes que te dicen de qué va la serie. En mi caso particular, cuando el opening me gusta la serie me gusta, simple. He aquí alguna selección de openings con una breve reseña. No hablaré de los openings de las caricaturas, porque casi todos son iguales (una canción, salen los protagonistas, pedazos de capítulos, etc.).

Los que se llevan las palmas
24
Simulando un reloj que avanza rápidamente, se forma el número 24 en el fondo de una pantalla negra. La presentación no dura ni veinte segundos y nos muestra la fuerza de la serie, la rapidez, la importancia del tiempo y la acción.



In Treatment
Una botella con agua que sirve de adorno y para relajarse se equilibra de un lado otro mientras aparece el título de la serie. Lo que a mí me dice es "estás con tu terapeuta. Relájate. Vamos, cuéntale todo". La música: genial.



Jericho
La serie de repente tiene sus fallitas, pero la entrada es genial. La interferencia refiere al aislamiento del puebo y al final la explosión que sufre Estados Unidos. Todo está allí, en el opening.



Como pueden ver en los tres casos, la entrada es muy simple, muy corta y muy directa. Es lo mejor. Comparémoslas, ahora, a los siguientes casos que son buenos, pero podrían ser mejores.

Los que los ves pero a veces te los saltas
Dexter
Aquí tenemos al asesino favorito de todos preparándose para ir a su trabajo. Se nota cierta malicia en las cosas que hace, en exprimir las frutas, en ponerse la ropa, en rasurarse. Es genial la forma en la que el actor retrata a Dexter, esa forma algo perversa pero con mucho encanto. Sin embargo, estoy seguro que algo más corto produciría un gran efecto también. Quizá si sólo pusieran la primera escena, la muerte del mosquito, resumirían sin gran esfuerzo el feeling general. Juzguen ustedes.



The Office, versión gringa
Sí, bueno, ejem. La tonadita es pegajosilla. La intro te quiere sumergir en el ambiente de una oficina. Lo que no me cuadra es que no te diga nada de los personajes. Quizá un poco de Dwight, pero de los demás no tienes ni idea. Creo que quisieron capturar la idea de "falso documental" que puebla la serie. Es adecuada pero podría mejorar, aunque, la verdad, no podría decir cómo, posiblemente usando los monitos que salen al final, que engloban los letreros que se usan en casi todas las oficinas y baños.



Californication
Me gusta mucho la superposición de imágenes. Me gusta el David Duchovny cayéndose y recogiendo las hojas de lo que, presumo, es una de sus obras. Pero igual que el anterior, no sé nada de la serie. La referencia al "Book Critic" te podría decir que el personaje es escritor, pero también que al personaje le gusta leer. Además no aparece el peloncito agente literario de Hank que tan bien me cae. Ambiguo pero chido.



Hay una gran diferencia entre los primeros y éstos. En los segundos aparecen créditos, los nombres de los actores y demás. Son un poco más largas y apuestan más a la exposición de imágenes que a la simplicidad. Es válido pero hay que tener cuidado porque si no te puedes convertir en:

Los insufribles
Dead like me
Lástima de serie. Todas las posibilidades que tenían y creo que las desperdiciaban para hacer una trama simplona (que no simple) cuando había muchas formas que podían explorar, pero que sólo las tocaban por los bordes. Anyway, la presentación se me hace muy larga y que, además, no aporta mucho. Sí, la muerte haciendo actividades diarias. ¿Y luego? Ese era otro aspecto que no explotaban en la serie, el poder de ser la muerte y cambiar el destino. Si acaso lo hicieron en uno o dos capítulos pero sin muchas convicciones. El personaje de la niña me desesperaba la mayoría de las veces, era un personaje demasiado igual, no cambiaba, no "se daba cuenta de...". Pero la opening sólo la vi una vez y las demás veces le adelantaba. Un minuto, por Dios.



CSI: NY
En realidad creo que no aporta nada. Es común, mediocre. Imágenes de Nueva York, los personajes de la serie haciendo su trabajo. Los actores nunca me agradaron del todo, como que les falta fuerza. Y la canción no me cuadra. No gusta no gusta.



Hasta aquí termino con mis reviews. Mención aparte merecen las series juveniles que, generalmente, pretenden convertir la canción de intro en éxito (e.g. The O.C., Smallville y One Tree Hill). Y, si están de ociosos por allí, les recomiendo ver la intro de Torchwood, The Big Bang Theory, Carnivàle y House M.D.