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Now playing: Extreme ways, compuesta por Moby, no sé quién interpreta

2.4.09

Marie Frobisher (1933-2004)

En uno de los recientes chitchats (que de casuales y de cortos no tienen nada) que mantuve con la reportera-editora-directora-periodista-amiga Cyntia Moncada, empezamos, sabrá Dios por qué, a hablar de enfermedades y de artistas enfermos. Ya saben, siempre hablo de la tesis del buen Palahniuk de que tu cuerpo tiene que padecer algo para escribir bien. Tal vez sea algo como expulsar lo que no necesitas: las letras y la escritura, mal de muchos y consuelo de muy pocos. Decidimos, en un arrebato de entusiasmo, que la próxima vez que nos enfermáramos escribiríamos como locos aunque estuviéramos muriendo en cama, con muchos grados de fiebre y un montón de medicinas al lado. Hablando de lo mismo, Cyn me comentó que se acercaba el aniversario luctuoso de Marie Frobisher, la escritora-activista clave en la lucha contra el SIDA y en su desmitificación. Planeamos armar juntos un pequeño artículo (por allá de mayo, cuando se cumplan cinco años de la muerte) y, para no hacer todo a la mera hora, decidí volcar algunas de las pocas cosas que puedo sacar en limpio después de haber leído, al menos, dos libros de ella: "El volcán entre la lluvia" y "Días de prisa", ambas novelas.

En primer lugar, Marie Frobisher sigue la tradición de mujeres sufridas y dolientes, aunque su vida fue más afortunada que la de muchas. Se dice que el primer suceso desafortunado o que llevó al garete a la vida de Marie, fue lo que le ocurrió junto a su esposo, el empresario Steve Frobisher. En 1983, Steve fue demandado por llevar a su empresa a la bancarrota, perdiendo casi toda su fortuna. A pesar de los problemas financieros, siguieron juntos y, en general, se dice que fueron una familia feliz y sin hijos (tal vez por eso fueron feliz). Siguiendo con las desgracias, cuatro años después, Marie Frobisher fue diagnosticada con SIDA, por razones que aún no están del todo claras (Steve nunca tuvo la enfermedad ni ninguna de las personas a su alrededor; Marie no tenía tatuajes ni se drogaba. Cabe destacar que actualmente existe un premio periodístico, el Frobisher, que premia reportajes de investigación y que fue creado con el único propósito de descubrir cómo se infectó la mujer). Steve, como un José que encuentra a su María preñada, decidió creer en Dios, en los ángeles y en su mujer, y no la abandonó en su lucha. Si ella decía que no había tenido relaciones sexuales con otra persona, él lo creía.

Marie Frobisher era una destacada escritora, de futuro prometedor y todas esas cosas que se dicen en los encuentros literarios, antes de casarse con el empresario. Con una vida lujosa, dejó de inmiscuirse en ese mundo para esforzarse en la vida familiar, así que abandonó la escritura. Eso sí, estuvo fortaleciendo sus dotes a través de lectura, al grado de que, en sus eternas horas solitarias, lo único que hacía era leer. Es famosa esa fotografía donde está en el hospital, rodeada de cámaras, y, mientras contesta una pregunta a un reportero, está leyendo un libro al mismo tiempo. Decidió que ahora que era atacada por el SIDA, volvería con la pluma como escopeta. Marie Frobisher regresaba al ruedo.

En 1991 publicó "El volcán entre la lluvia" que fue un antecedente inmediato de "Nación Prozac" de Liz Wurtzel, loquísima autora gringa. Bueno, la primera es una falsa memoir y la segunda no (se supone), pero "El volcán..." relata un historial de drogadicción, sexo, amor tortuoso y depresión, similar a lo que Liz haría después. La historia de "El volcán..." es sencilla: una mujer de 32 años abandona su hogar (el hogar perfecto en apariencia, con un esposo a la John C. Reilly en "The Hours" pero que a ella le parece despreciable) en busca de un hijo que no tiene (alucina con haber estado embarazada) y perdiendo su poco dinero en blusas y zapatos. La protagonista, Teresa Greenaway, parece odiar a todo el mundo, no es capaz de tener un centímetro de compasión, aprovecha los sentimientos de los demás, finge momentos de lucidez y es un personaje al que, incluso al mismo lector, le cae mal. Es un libro que quieres cerrar en cuanto empiezas a leerlo pero que, por curiosidad, por cansancio, por respeto o por decencia, esperas hasta el final. Y al final, como todo, el libro no sorprende. Al tener una perspectiva anclada en la época tecnológica, el libro me parece alienante (pensemos en un "American Psycho", pensemos en la Violetta de "Diablo Guardián") y curioso como experimento solamente. Es un libro que he aprendido a respetar, está bien, pero hasta allí: en su núcleo, en su mero centro, está vacío y repite fórmulas y lugares comunes.

Prefiero "Días de prisa". En 1997 apareció el dichoso libro que la teletransportó a la fama (como escritora, porque ya tenía su celebridad como activista) al escribir la historia de una mujer que lucha contra el SIDA y que finalmente se cura. La curación aparece al final de un larguísimo capítulo con pocas comas y menos puntos que recuerda a los mejores tiempos del realismo mágico. Es en realidad una ruptura con el tono y la estructura en su conjunto, puesto que todo va normal, tranquilo (a gusto...), hasta que casi al término del libro encontramos la parrafada y resulta que la mujer de pronto ya no está enferma. Marie ha comentado que no existía otra forma de escribir su final porque necesitaba algo lo suficientemente fuerte para destruir a la enfermedad y qué mejor que kilos y kilos de letras amontonadas que la hicieran resquebrajarse.

En 2002 moriría Steve Frobisher y Marie estaría deprimida por los siguientes años de su vida, que sólo fueron dos. No he destacado el activismo de Marie porque prefiero referir su producción literaria, pero su muerte fue definitivamente el mejor acto de activismo que pudo hacer. Marie, junto con otras personas famosas, participaba en una marcha en África donde se exigía mejor atención a los seropositivos africanos. Era un ejemplo de valor y fortaleza, puesto que, terriblemente enferma, cansada y vieja (tendría 71 años) caminaba, imparable, al lado de la gente que pedía iguales derechos. La policía, a pesar de las celebridades y las cámaras de televisión, decidió detener la manifestación haciendo una barricada que terminó en tragedia: empujada por ambas partes (la policía y los manifestantes), Marie quedó en medio del sándwich, tragando humo y sofocándose, acontecimientos que le provocaron una hipoxia cerebral llevándola a la muerte.

Su tumba permanece en Berkeley, California, al lado de la de su esposo. La visitan, al año, un promedio de 500,000 mil personas.

2 comentarios:

Cyn dijo...

Demandaaaa demandaaaaa
jajajaj

me gustó, me gustó!

Cyn dijo...

El texto que viste en mi blog no existeeee, yo nunca lo publiquéee

=S

=S